Míralo funcionando
Esto no es una maqueta, ni un vídeo, ni una plantilla.
Son seis programas de verdad, escritos a mano por nosotros, ejecutándose ahora mismo en tu navegador: el mismo tipo de código que instalamos en un negocio. Los datos de partida los hemos puesto nosotros para que puedas trastear sin miedo — cámbialos, bórralos, escribe los tuyos y dale a todos los botones. Hay un botón para dejarlo todo como estaba.
- Las seis, abiertas
- Sin registro
- Sin dejar el teléfono
- Funcionan en el móvil
- Botón para dejarlo todo como estaba
Las seis, una por una.
Cada una resuelve algo que nos han pedido de verdad. Debajo de cada ficha te decimos exactamente qué tocar: son dos minutos por demo y se entiende mejor tocando que leyendo. Ábrelas en el móvil si puedes, que es donde se usan.
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Presupuesto instantáneo en tu web
El cliente elige lo que quiere y ve la horquilla de precio al momento. Te deja el teléfono cuando ya sabe cuánto cuesta, no antes — y te llega la solicitud al panel. Una horquilla no es un presupuesto en firme, y la pantalla lo dice con esas palabras.
- Para
- Reformas, talleres, instaladores, mudanzas: cualquiera que presupueste a menudo.
- Qué probar
- Contesta las preguntas del cuadro hasta que aparezca la horquilla, y abre el desglose «Qué la mueve»: verás de dónde sale cada euro.
- Vuelve a «¿Para cuándo?» y cambia «Sin prisa» por «Para ya». La cifra se mueve delante de ti: ése es el factor que se discute por teléfono.
- Envía la solicitud y pasa a «Panel del dueño». Tu prueba está arriba del todo; pulsa «Avanzar» dos veces y mírala cambiar de estado.
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Fichaje y registro de jornada
Entrada, salida y pausas desde el móvil, con el registro guardado y exportable. No es comodidad: es una obligación legal desde 2019, con inspección detrás. Y el mes sale cuadrado sin que nadie sume nada a mano.
- Para
- Cualquier negocio con personal contratado, tenga dos personas o cuarenta.
- Qué probar
- En «Quien ficha», pulsa Entrar, espera un momento y pulsa Salir: la fila aparece con las horas ya repartidas entre ordinarias y extra.
- Cambia de persona y elige a Sergio D.: lleva días con la entrada puesta y la salida sin fichar. No es un fallo de la demo, es un viernes por la tarde.
- Pasa a «Quien responde», lee «Lo que hay que mirar hoy» y pulsa «Exportar el mes»: baja la hoja que se entrega cuando alguien la pide.
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Citas y recordatorios
La agenda del negocio con los huecos libres a la vista, y el aviso al cliente saliendo solo el día antes. Una cita a la que no viene nadie no es una hora perdida: es una hora que ya no se puede vender.
- Para
- Peluquerías, clínicas, fisioterapia, talleres, asesorías, estética.
- Qué probar
- Pincha una cita de cualquier columna: abajo aparece el mensaje literal que saldría, con el nombre, el día y el servicio ya metidos. No es un ejemplo, es el mensaje.
- Pulsa «Simular envío»: la cita pasa a «Recordada» y el contador cambia. Se deshace con «Volver a dejarla pendiente», así que trastea sin miedo.
- Mira las citas de los días pasados: una está como «no vino». Ése es el dato que casi nadie apunta y el único que dice si esto sirve para algo.
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Existencias y pedido al proveedor
Qué queda, qué se acaba y qué hay que pedir. La lista de pedido se prepara sola cuando algo baja del mínimo, repartida por proveedor y ya escrita. El semáforo no se enciende por tener poco, sino por tener poco para lo que se gasta.
- Para
- Tiendas, almacenes, distribuidores, restaurantes, talleres e instaladores.
- Qué probar
- Pulsa el filtro «Bajo mínimo» y mira la columna «Aguanta»: las semanas que queda de cada cosa al ritmo al que se gasta. Es la que dice si corre prisa.
- Pulsa «Sin movimiento»: existencias con consumo cero, dinero parado en una estantería que nadie mira porque nunca da problemas.
- Sube al pedido y pulsa «Copiar para WhatsApp» en cualquier proveedor: queda escrito en el portapapeles, listo para pegar y enviar.
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Parte de trabajo con firma en el móvil
El técnico apunta lo hecho, el material y las horas, y el cliente firma con el dedo en la pantalla. En la oficina aparece cerrado, con su hora. El parte deja constancia del trabajo: no lleva importe a pagar y no es una factura.
- Para
- Instaladores, mantenimiento, obra, limpieza: cualquiera con gente en la calle.
- Qué probar
- Toca un aviso de «Los avisos de hoy»: el parte sale con el cliente, la dirección y el contacto ya escritos. Eso no lo teclea nadie dos veces.
- Añade material, sube las horas con los botones de un cuarto de hora y firma con el dedo en el recuadro. Se firma igual con el ratón.
- Cierra un parte sin firmar y pasa a «Panel del dueño»: aparece marcado como sin firmar, a la vista de todos. Esconder eso no arregla nada.
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Cobros pendientes
Quién te debe qué, desde cuándo y con el aviso ya redactado. Esta pantalla avisa; no reclama: el texto se prepara solo y enviarlo lo decide una persona, que además queda apuntada con su nombre.
- Para
- Cualquiera que facture a crédito y no tenga a nadie persiguiendo cobros.
- Qué probar
- Pulsa los filtros de arriba —«Vence esta semana», «Vencido», «Muy vencido»— y fíjate en la columna de días. No hay columna de intereses de demora, y no es un olvido.
- Abre la «Ficha» de un cliente y pulsa «Preparar un aviso»: el texto viene escrito y lo puedes cambiar entero antes de aprobarlo.
- Aprueba el aviso: aquí no se envía nada a nadie, sólo se apunta en el historial. Luego marca una factura como cobrada y mira cómo se mueve la media de días de cobro.
Lo que puedes comprobar tú
Seis cosas que no hace falta que te creas.
Una demostración sólo vale si la puedes auditar. Éstas se auditan con el navegador que ya tienes abierto y sin saber programar. Tardas menos en comprobarlo que en leer este párrafo.
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Que son programas, no imágenes
Escribe un importe absurdo, deja un campo vacío, cambia una fecha al pasado, pide cien unidades de algo. Reaccionan, calculan y avisan, porque hay código detrás haciendo el trabajo. Una captura de pantalla no hace eso.
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Que lo que escribes no sale de tu equipo
Abre la pestaña «Red» del navegador (F12 en un ordenador) y déjala abierta mientras usas la demo. Ficha, firma, aprueba un aviso, cambia existencias: no verás salir ni una petición. Aparte de cargar la página la primera vez, las demos no hablan con ningún servidor.
Lo que teclees se guarda en el almacenamiento local de tu propio navegador. Es la única afirmación de privacidad de esta web que puedes comprobar tú mismo en treinta segundos, y te animamos a hacerlo.
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Que cargan rápido, y por qué
En esa misma pestaña «Red» mira dos cosas: cuántos archivos pide cada demo y cuánto tarda en estar usable. Verás una hoja de estilos, dos archivos de código y la propia página, todo del mismo dominio. Cero librerías, cero CDN, cero rastreadores.
No es un truco de optimización: es que no hay nada de más. Lo mismo que hace que una demo abra en un móvil viejo con cobertura mala hace que la web de un cliente abra igual de rápido.
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Que puedes romperla y devolverla a su sitio
Rómpela a conciencia: borra filas, mete datos incoherentes, deja el parte a medias. Arriba de cada demo hay un botón que dice «Reiniciar la demo» y lo deja todo como estaba. No hay nada que puedas estropear de verdad, así que no te cortes.
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Que el código está a la vista
Pulsa Ctrl+U (o «Ver código fuente») en cualquier demo. Está el HTML entero, con sus comentarios, y los archivos de código se abren desde ahí. Si entiendes de esto, míralo; y si no, enséñaselo a quien te lleve la informática y que opine.
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Que nadie te va a llamar por probarlas
No hay registro, ni correo, ni teléfono, ni ventana que salte a los diez segundos, ni contador de plazas. Las demos no piden nada porque no tienen a quién pedírselo: no hay servidor detrás. Si quieres hablar con nosotros, lo decides tú.
El encuadre, sin letra pequeña: el programa es real y los datos son de prueba. Los nombres, teléfonos, importes y empresas que verás dentro los hemos puesto nosotros —con identificadores fiscales mal calculados a propósito, correos en el dominio reservado example.com y teléfonos de rangos sin abonado—, para no poner encima ni un dato de nadie. Ninguna de las seis emite facturas ni genera documentos con validez fiscal. Lo tienes escrito en la franja superior de cada una.
Dónde está la raya
Dos fronteras dibujadas a propósito.
Las dos se ven dentro del propio programa, en la misma pantalla donde se trabaja, y no en una nota al pie que nadie lee. No son excusas de lo que el programa no llega a hacer: son decisiones tomadas antes de escribir la primera línea, y dicen bastante de cómo trabajamos.
- Un parte de trabajo no es una factura, y esa demo no emite ninguna. El documento que firma el cliente dice qué se hizo, con qué material y en cuántas horas, y recoge su conformidad. No lleva total a pagar, ni base imponible, ni IVA, ni número de factura: no es un documento de cobro. El material se valora para dentro, para que quien factura lo tenga hecho, y esa columna ni siquiera sale en el papel que firma el cliente. La factura la emite tu programa de facturación de siempre, que ni vendemos ni tocamos. Verlo en la demo del parte.
- La demo de cobros avisa; no reclama. Lo que prepara es un recordatorio de una factura tuya: dice qué hay pendiente y pregunta cuándo se va a pagar. No calcula intereses de demora, no pone plazos con consecuencias y no amenaza con nada. Ningún aviso sale solo: el programa redacta el texto, y a quién se le manda y con qué palabras lo decide una persona, que queda apuntada con su nombre. Son clientes a los que quieres seguir facturando el año que viene, no morosos. Verlo en la demo de cobros.
Y una que vale para las seis: no desarrollamos ni vendemos programa de facturación. Ninguna de estas aplicaciones expide facturas, así que ninguna entra en el ámbito del reglamento de sistemas informáticos de facturación. Lo que sí hacemos es adaptar y automatizar lo que hay alrededor del programa de facturación que ya usas. Y cuando un asunto pasa de donde llega un programa —una firma con validez reforzada, una reclamación de deuda—, lo que toca es tu asesoría o tu abogado. Nosotros hacemos programas y no damos consejo jurídico.
Por oficios
Empieza por lo tuyo.
Las seis demos son ejemplos genéricos a propósito, para que se entiendan sin explicación. Si prefieres verlo con el vocabulario de tu oficio, entra por aquí: cada página cuenta qué se automatiza primero en ese negocio y con qué demo se ve.
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Taller mecánico
El presupuesto que se aprueba por WhatsApp y luego nadie sabe qué se dijo, la cita de la ITV y las piezas que no están cuando hacen falta.
Ver lo del taller -
Peluquería y estética
El hueco que se queda sin llenar porque alguien no vino, y el cuaderno de citas que hay que pasar con el cliente esperando al teléfono.
Ver lo de la peluquería -
Clínica
La agenda por profesional, el recordatorio que no puede contar por qué viene el paciente y el box parado una hora entera.
Ver lo de la clínica -
Restaurante
Turnos que cambian cada semana, horas extra que aparecen a final de mes y la cámara con producto que se pasa sin que nadie lo vea.
Ver lo del restaurante -
Tienda y comercio
Lo barato que nadie vigila y se acaba, lo caro que lleva dos años en la estantería y el pedido al proveedor que se escribe a mano cada lunes.
Ver lo de la tienda -
Instalador y reformas
El parte que se firma en casa del cliente, el segundo viaje por un latiguillo de cuatro euros y el presupuesto que tardas tres días en mandar.
Ver lo del instalador -
Gestoría y asesoría
La documentación que hay que pedir tres veces, las citas de campaña y las facturas propias que se cobran tarde porque nadie persigue el cobro.
Ver lo de la gestoría
Preguntas
Lo que nos preguntan sobre las demos.
¿Las demos son programas de verdad o son maquetas?
Son programas de verdad. No son capturas, ni vídeos, ni prototipos clicables: se ejecutan en tu navegador, calculan, guardan y recuperan datos. Lo único que cambia respecto a una instalación real es que los datos de partida los hemos puesto nosotros, para que puedas trastear desde el primer segundo sin tener que meter nada.
¿Dónde van a parar los datos que escribo dentro?
A ningún sitio. Se guardan en el almacenamiento local de tu propio navegador y desaparecen cuando pulsas «Reiniciar la demo». Las demos no envían nada a internet. Es la única afirmación de privacidad de esta web que puedes auditar tú mismo en treinta segundos, abriendo la pestaña «Red» del navegador mientras las usas.
¿Hay que registrarse?
No. Ni registro, ni formulario, ni correo. Se abren y se usan, y nadie te va a llamar por haberlas probado.
¿Emiten facturas? ¿Me sirven para Verifactu?
No, y no es un descuido: es una decisión. No desarrollamos ni comercializamos software de facturación, así que ninguna de estas seis aplicaciones emite facturas ni entra en el ámbito del reglamento de sistemas informáticos de facturación. Lo que sí hacemos con Verifactu es adaptar y automatizar lo que hay alrededor del programa de facturación que ya usas.
El parte lleva material y horas. ¿Eso no es una factura?
No, y está hecho así a propósito. El parte recoge qué se hizo, con qué material, en cuántas horas y la conformidad del cliente. No lleva total a pagar, ni base imponible, ni IVA, ni número de factura. La valoración del material es para dentro —para que quien factura tenga el trabajo hecho— y no aparece en el documento que firma el cliente. Facturar lo sigue haciendo tu programa de facturación.
¿El aviso de cobro se manda solo a quien me debe dinero?
No. Esa pantalla avisa; no reclama. El programa redacta el texto y lo deja a la vista, pero aprobarlo es la acción de una persona, con su nombre, y queda escrito en el historial del cliente. No hay cadenas de avisos automáticas, no se calculan intereses de demora y no se incluye a nadie en ficheros de solvencia. En la demo, además, al aprobar no se envía absolutamente nada.
¿La firma del parte tiene validez?
Lo que la demo guarda y lo que decimos que guarda es lo mismo: el trazo tal y como se dibujó, la fecha y la hora en que se cerró el parte, el nombre que escribió quien firmó y el texto exacto que tenía delante al firmar. Si tu caso necesita una firma con validez reforzada, quien tiene que decírtelo es tu asesor o tu abogado, no tu proveedor de programas.
Si os encargo un programa, ¿va a ser exactamente esto?
No exactamente, y ahí está la gracia. Estas seis son ejemplos genéricos, pensados para que se entiendan sin explicación. Lo tuyo se construye sobre cómo trabajáis vosotros: tus campos, tus estados, tu vocabulario, tus excepciones. De estas pantallas puedes dar por bueno el nivel de acabado y la forma de trabajar; del resto hablamos.
¿Por qué no enseñáis el programa de un cliente real?
Porque no es nuestro. Lo que construimos para un cliente es suyo, y sus datos son suyos. Así que hemos escrito estas aplicaciones desde cero y las hemos dejado abiertas para que las examines. Los casos de clientes se cuentan sólo con su permiso firmado y con su nombre.
¿Funcionan en el móvil?
Sí, y es donde se usan de verdad: el fichaje se hace desde el móvil, el parte se firma con el dedo en casa del cliente y las citas se consultan de pie en el mostrador. Ábrelas en el teléfono y júzgalas ahí.
Hablemos
¿Has visto tu problema en alguna de esas seis pantallas?
Entonces ya sabemos por dónde empezar. Una llamada de veinte minutos, sin compromiso, y si lo tuyo no sale a cuenta te lo decimos en esa misma llamada. Si nos cuentas qué programa usáis hoy, llegamos con los deberes hechos.