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AutoEmpresa Webs y programas para pymes

Tu oficio

Web y programa de citas para peluquería y estética.

Un salón no se llena de golpe: se vacía poco a poco, de media hora en media hora. La que avisa a las diez de la mañana de que no viene, la que directamente no aparece, y el hueco de las 11:30 de un martes que ya no compra nadie. Empieza abriendo la agenda con recordatorios: es la pieza que más rápido se nota.

Web desde 190 € sin IVA, lo básico de cada cosa; lo demás se suma · recordatorios desde 190 € por proceso · agenda a medida desde 990 € la primera fase

  • Se abre sin registrarse
  • Precio cerrado por escrito
  • Sin cuota obligatoria
  • El código se te cede

El hueco que se queda vacío no se recupera al día siguiente.

«Hoy me han fallado dos citas y ese hueco ya no lo llena nadie.»

«La agenda la lleva el cuaderno del mostrador. Si ese cuaderno se moja, cierro.»

«Le pregunto qué color le hicimos la última vez y me dice que uno parecido al de su hermana.»

«Estoy con un tinte y suena el teléfono. O cojo el teléfono o atiendo a la clienta que tengo delante.»

Una peluquería no vende cortes: vende sillón ocupado por hora. Cada hueco vacío es un producto que caducó a esa hora exacta y que no se puede guardar para mañana. Por eso la ausencia sin avisar duele tanto más aquí que en otros negocios: no es una venta aplazada, es una venta perdida.

Y hay una segunda pérdida, más silenciosa: el teléfono que suena mientras tienes las manos metidas en una cabeza. Esa llamada es casi siempre alguien pidiendo cita, es decir, dinero llamando a la puerta, y la atiendes mal o no la atiendes. La que llama a las nueve de la noche desde el sofá, directamente, ni te llega.

  1. 09:00Abres. Miras el cuaderno: hoy hay diez citas apuntadas. Dos de ellas sin teléfono, porque se apuntaron de palabra al salir.
  2. 10:15Llama una: no puede venir. El hueco de las 11:30 se queda muerto. Sabes de tres clientas que lo habrían cogido, pero no vas a ponerte a llamarlas una a una entre clienta y clienta.
  3. 11:40Aplicas un color. Toca esperar treinta y cinco minutos de exposición. Ese hueco es oro y la agenda de papel no sabe que existe.
  4. 12:30Suena el teléfono tres veces mientras lavas. Dos cuelgan. Nunca sabrás quiénes eran.
  5. 17:00Una clienta pregunta por su fórmula de la vez anterior. Está apuntada en un papel dentro de una carpeta, si es que se apuntó.
  6. 21:30Ya en casa, tres mensajes de Instagram pidiendo hora para el sábado. Contestas a las diez y media. Una ya ha reservado en otro sitio.

Fíjate en que ninguno de esos seis momentos se arregla trabajando más rápido. Todos se arreglan con que algo conteste, avise o recuerde en tu lugar mientras tú tienes las manos ocupadas.

Míralo funcionando

Abre la agenda y fíjate en el recordatorio.

De los seis programas que tenemos abiertos, el que le cambia la semana a un salón es el de citas. Ábrelo, pon una cita, muévela de hora y mira qué pasa con el aviso a la clienta. Ese aviso de la víspera es, en este oficio, casi todo el retorno: la mayoría de las ausencias no son plantones, son olvidos.

Cómo leer esta demostración

El programa es real; las clientas y los servicios de dentro, no. Están inventados a propósito para que puedas trastear sin tocar datos de nadie.

Lo que escribas no sale de tu equipo. La demostración no hace ni una petición a internet. Lo guarda tu propio navegador y el botón «Reiniciar la demo» lo borra. Compruébalo con la pestaña de red mientras la usas.

Lo que verás es una agenda genérica, y una peluquería no es genérica. Lo que hay que añadir en el tuyo es justo lo que la demo no trae: los tiempos de exposición, la posibilidad de meter otra clienta en el rato en que el color hace efecto, y el servicio que ocupa a dos personas a la vez.

Ver los otros cinco programas abiertos

Qué se monta normalmente en un salón

Por orden de lo que más se nota en la caja, no de lo que es más bonito de enseñar.

  • El recordatorio de la víspera, automático. Es lo primero y lo más barato. La mayoría de las ausencias son despistes, y un mensaje el día antes con la hora y el nombre de quien la atiende recupera una parte de ellas.
  • La reserva desde el móvil a las once de la noche. Porque ahí es cuando la gente decide, y si no hay dónde pinchar, decide en otro sitio. Con los servicios y sus duraciones reales, no con un formulario de contacto.
  • La agenda por profesional, con los tiempos de verdad. Un corte de caballero no ocupa lo mismo que un balayage, y un color ocupa a la profesional en dos ratos separados por el tiempo de exposición. Ese rato de en medio tiene que poder venderse; en una agenda de papel, no existe.
  • La lista de espera para los huecos sueltos. Cuando alguien cancela, el sistema avisa a quien había dicho «si sale algo antes, llámame». Esa es la función que paga sola la agenda en un salón.
  • La ficha técnica de la clienta. La fórmula del color, los gramos, el volumen del oxigenante, el tiempo de exposición, lo que quedó bien y lo que no. Para que la clienta pueda venir cuando su profesional habitual libra y salga igual.
  • Los bonos y las sesiones. El bono de diez de láser, de cabina o de manicura: cuántas van, cuántas quedan y cuándo caducan, a la vista en el mostrador y sin discutirlo con la clienta.
  • La web, que en este oficio es sobre todo un escaparate y un botón. Fotos de trabajos reales, precios o al menos horquillas, el horario correcto —incluido el lunes que cierras— y el botón de reservar por encima de todo lo demás.

Qué no te vamos a hacer

Se dice ahora y no cuando llega la factura.

  • El programa de facturación ni el TPV que emite tickets. No desarrollamos software de facturación ni libros registro de IVA o de IRPF. Sí podemos leer de tu TPV para informes y avisos.
  • La tienda en línea de producto con pasarela de pago y logística. Vender champú por internet es otro negocio con otros problemas. Si quieres enseñar el producto en la web y que te lo pidan por WhatsApp para recogerlo en el salón, eso sí.
  • El cobro por adelantado de la cita como castigo por faltar. Se puede montar y hay salones que lo hacen, pero no lo vamos a recomendar sin conocer tu clientela: en un barrio donde todo el mundo se conoce, pedir tarjeta para una cita de corte espanta a más gente de la que retiene.
  • El asesoramiento sobre protección de datos. Te montamos el sistema con el alojamiento en la Unión Europea y su contrato de encargado de tratamiento. Quien decide qué se puede guardar en una ficha y qué hay que pedir por escrito es tu asesoría, no nosotros.

Lo que te obliga a ti

Tres cosas que en un salón se pasan por alto.

Hoy es 23 de septiembre de 2026. Sin alarmas y sin fechas inventadas.

Artículo 12.4 h) del Estatuto de los Trabajadores

El contrato a tiempo parcial tiene su propio registro, y es más estricto

La peluquería y la estética son de los pocos oficios donde el contrato a tiempo parcial es la norma y no la excepción: la de los sábados, la de las tardes, la que entra en campaña. Y el tiempo parcial tiene una obligación añadida que casi nadie cumple entera.

La jornada de quien trabaja a tiempo parcial se registra día a día y se totaliza mensualmente, y ese resumen mensual hay que entregárselo a la persona junto con la nómina. Los resúmenes se conservan cuatro años. No es el mismo trámite que el registro general de jornada: es uno encima del otro.

Aparte de eso, desde el 12 de mayo de 2019 toda empresa con personal contratado lleva registro diario de jornada (artículo 34.9). Hay un real decreto en tramitación para llevarlo a digital que a día de hoy no está publicado en el BOE. El estado de la tramitación, actualizado.

Artículo 9 del Reglamento General de Protección de Datos

La ficha con alergias ya no es una ficha normal

Una ficha de color con la fórmula y los gramos es un dato comercial. Pero en cuanto apuntas una alergia a la parafenilendiamina, una reacción a un producto, un embarazo o una patología de la piel, has pasado a tratar datos de salud, que el Reglamento protege como categoría especial y con reglas propias.

No es para asustarse: es para que el programa esté hecho contando con ello desde el principio. En la práctica significa tres cosas concretas: que ese campo no esté a la vista de toda la plantilla sin motivo, que el alojamiento esté en la Unión Europea con su contrato de encargado de tratamiento, y que una ficha se pueda borrar entera cuando alguien lo pida.

Lo que hacemos nosotros es construirlo así. Qué tienes que pedir por escrito a tu clientela y cómo redactar el consentimiento lo dice tu asesoría, que para eso está, y no esta página.

Verifactu · RD-ley 15/2025

Si emites facturas, tu programa tiene fecha: 2027

En un salón la mayoría de los cobros son tickets, pero facturas hay: a la empresa que te manda a su equipo, al novio que paga el peinado de la boda, al que la pide para su declaración. Verifactu obliga a que el programa con el que emites esas facturas las registre de forma encadenada e inalterable.

Fechas del Real Decreto-ley 15/2025, de 2 de diciembre: 1 de enero de 2027 si el salón es una sociedad y 1 de julio de 2027 si eres autónoma. La llamada que tienes que hacer es a quien te vendió el TPV, y la pregunta es si van a emitir la declaración responsable: no existe ninguna lista de «software homologado por Hacienda».

Si el salón está en Álava, Bizkaia, Gipuzkoa o Navarra, esto no te aplica: ahí rige TicketBAI, con Batuz en Bizkaia, y Navarra tiene su propio sistema. Las fechas y las fuentes, aquí.

Cuánto cuesta y cuánto tarda

La web, desde 190 € sin IVA si es sencilla, de una página; una web completa, entre 1.900 € y 3.400 €, en dos pagos y de dos a cuatro semanas. En un salón lo habitual se queda cerca de ese punto de partida, porque la página es corta: lo que hay que hacer bien son las fotos, los precios y el botón de reservar.

El recordatorio automático, desde 190 € y de una a dos semanas. Es la pieza que antes se paga sola, y la que recomendamos empezar por ella aunque no hagas nada más.

La agenda a medida, primera fase utilizable desde 990 € y de cuatro a ocho semanas. Aquí hay que ser honestos: si tienes un salón de una o dos personas y una agenda de catálogo te encaja, cómprala y ahórrate el proyecto. Te lo diremos en la primera llamada sin cobrarte por descubrirlo.

El programa a medida empieza a salir a cuenta cuando la agenda de catálogo te dice que no: varios profesionales con horarios distintos, servicios que ocupan a dos personas, el hueco del tiempo de exposición que quieres vender, bonos que caducan, o dos locales compartiendo plantilla.

Cuando no está claro, el paso previo es el Plano de trabajo: desde 90 €, cinco días laborables, se descuenta entero del proyecto y se devuelve si vemos que no hay nada que merezca la pena. Todos los precios y qué hace que suban.

Sin cuota obligatoria. Cuando está pagado sigue funcionando aunque no vuelvas a contratarnos. El mantenimiento son 90 € al mes, opcional y cancelable. Los seis compromisos, por escrito.

Preguntas

Lo que nos pregunta un salón antes de decidir.

¿Esto quita las ausencias sin avisar?

No las quita. Reduce una parte, y hay que decir cuál: la parte que es olvido. Un recordatorio la víspera con la hora, el servicio y el nombre de quien la atiende recupera despistes, que son la mayoría.

Lo que no arregla ningún programa es a quien decide no venir. Para esa parte lo que funciona es tener la lista de espera preparada, que el hueco se ofrezca en el momento en que se libera y que reservar de nuevo cueste un toque. No te vamos a dar un porcentaje de mejora inventado.

Mis clientas son mayores y no van a reservar por internet.

Muchas no, y no pasa nada: la agenda sirve igual. La reserva por internet es una puerta más, no la única, y en la mayoría de los salones convive con el cuaderno de toda la vida durante meses.

Lo que sí se nota incluso con clientela que no reserva sola es lo otro: el recordatorio, la ficha técnica y saber al instante qué huecos hay cuando alguien llama. Eso lo usas tú desde el mostrador, no la clienta.

¿Puede meterse otra clienta en el rato en que el tinte hace efecto?

Sí, y es justo lo que diferencia una agenda hecha para peluquería de una agenda genérica de citas. El servicio se parte en tramos: aplicación, exposición y acabado. Durante la exposición la profesional queda libre y el sistema ofrece ese hueco.

Hay que ajustarlo con cuidado, porque si se apura demasiado se acaba yendo todo el día con retraso. Se empieza dejando un margen generoso y se aprieta cuando ya se conocen los tiempos reales de tu equipo, no los del manual.

Ya uso una aplicación de citas de las que se pagan al mes. ¿Merece la pena cambiar?

Si te encaja, no. Lo diremos las veces que haga falta: una aplicación de catálogo que hace lo que necesitas y cuesta unos euros al mes es mejor negocio que un programa a medida, y te lo vamos a decir aunque perdamos el encargo.

Lo que sí solemos hacer en ese caso es lo de alrededor: la web que trae clientas nuevas, la ficha técnica que la aplicación no tiene, o conectar la agenda que ya usas con los recordatorios que quieres mandar tú y como tú quieres.

¿Y las reservas que me entran por Instagram?

Es por donde llega mucha gente y conviene no pelearse con ello. Lo que no se puede es llevar la agenda dentro de los mensajes directos: ahí no hay hueco libre visible, no hay recordatorio y no hay ficha.

Lo práctico es un enlace fijo en el perfil que lleve a la página de reserva con los huecos reales a la vista, y una respuesta preparada para cuando escriban pidiendo hora. Quien quiere hablar contigo sigue hablando contigo; quien sólo quería una hora, se la coge solo a las once de la noche.

¿Quién de mi equipo ve la ficha de cada clienta?

Lo decides tú y se decide antes de programar, por escrito. Lo normal es que la fórmula de color la vea cualquiera del equipo técnico, porque para eso está, y que lo que sea una alergia o una observación médica quede en un apartado con acceso más restringido.

Esa separación no es un capricho nuestro: es lo que hace que una ficha con datos de salud esté bien montada. Va dibujada en el esquema de pantallas que te enseñamos antes de escribir una línea de código.

En diciembre y en mayo no doy abasto. ¿Sirve para eso?

Para eso sirve especialmente, porque los picos son donde más se pierde. En Navidad y en temporada de bodas y comuniones lo que se pierde no son clientas: es el tiempo de decirle a cada una cuándo hay hueco, y el descuadre de meter demasiada gente el mismo sábado.

Con los huecos a la vista y los tiempos reales por servicio, el sábado se llena hasta donde de verdad cabe. Y la lista de espera, que el resto del año sirve para tapar cancelaciones, en esas semanas sirve para colocar a quien llamó tarde.

Hablemos

¿Cuántos huecos se te quedaron vacíos la semana pasada?

Cuéntanoslo en veinte minutos por teléfono y te decimos por dónde empezaríamos, cuánto costaría y cuánto tardaría. Si con una aplicación de catálogo tienes de sobra, te lo diremos igual y esa llamada no se cobra.

  • La primera llamada es gratis
  • Recordatorios desde 190 €
  • Te contestamos el mismo día laborable

Contarlo por WhatsApp

Que te llamemos

Si nos dices cuántos sois en el salón, cómo llevas hoy la agenda y cuántas faltas tienes a la semana, llegamos a la llamada con los deberes hechos.

El mensaje sale del propio servidor: no pasa por ningún servicio de terceros. Si algo falla, escríbenos a contacto@autoempresa.es o llama al +34 745 03 46 61.

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