Ya sabemos que pedir precio en este oficio suele acabar en «depende», y que el argumento siempre es el mismo: cada proyecto es distinto. Es verdad que lo son. Pero eso no impide decir de dónde parte cada cosa, y no decirlo sólo sirve para que pierdas la mañana en llamadas que no iban a ningún sitio.
Es verdad que cada proyecto es distinto. También lo es en una reforma, y el albañil te dice el metro cuadrado. Un precio de partida no es una tarifa cerrada: es un filtro. Sirve para que sepas en diez segundos si estás en tu liga y no tengas que dedicar una tarde a averiguarlo por teléfono.
Publicarlos nos cuesta encargos, y lo sabemos. Alguien que habría llamado se va al ver lo que cuesta una web completa. Nos parece mejor negocio que hacerle perder la tarde a él y a nosotros. Y tiene una consecuencia que nos gusta: si el número está publicado, no se puede cambiar según la cara del cliente.
Y la garantía lleva números dentro, no adjetivos: cuánto te descontamos por cada semana de retraso, hasta dónde llega ese descuento y qué no cubre. Está entera en la página de garantía.